Sarmiento. Un proyecto para transformar la Argentina

Luis Alberto Romero

En Chile, durante su exilio anti rosista, Sarmiento imaginó una Argentina diferente.
Lo hizo leyendo, mirando y discutiendo. Con Tocqueville, a quien leyó con voracidad,
reflexionó sobre las armonías y tensiones entre el progreso, la democracia y el orden.
Observó la ciudad de Santiago, la única importante que conocía cuando escribió
Facundo, e imaginó el conflicto profundo entre lo urbano y lo rural, la civilización y la
barbarie.

En 1845 viajó por el mundo y acumuló nuevas observaciones. En Europa lo
defraudó la tenaz persistencia del antiguo régimen. En cambio, en Estados Unidos
conoció el porvenir: un capitalismo pujante y una sociedad democrática, donde los
patricios se confundían con los plebeyos, y todo el mundo usaba el mismo tipo de
sombrero, confeccionado en una próspera fábrica de Filadelfia.
Con esa imagen terminó de dar forma a su proyecto de transformación de la
Argentina, parecido al que pensaban Alberdi y otros, pero diferente en algunas cosas
sustantivas. Luego de Rosas, el país se organizaría y se abriría al mundo: llegarían el
ferrocarril, el vapor, el telégrafo y también los inmigrantes, que acabarían con el
desierto y la barbarie. Para construir el progreso hacía falta la vigorosa acción
ordenadora y civilizadora del Estado. Alberdi lo sabía en teoría, pero Sarmiento ya
tenía experiencia en eso.
En Chile había conocido los beneficios de una república autoritaria pero ordenada,
constituida en 1831, cuando la guerra civil destrozaba a los otros estados
hispanoamericanos. Sus amigos liberales -como Alberdi y Mitre- eran independientes
u opositores, pero Sarmiento, como Andrés Bello, trabajó para el gobierno pelucón,
conservador, ilustrado y reformista, y en particular para el ministro Montt, quien lo
estimuló en sus primeros proyectos educativos. Esa experiencia conformó lo que sería
su aporte singular en la gran transformación de la Argentina: la educación popular,
impulsada por el Estado, que formaría tanto al protagonista de la nueva sociedad
mercantil como al ciudadano responsable de su gobierno.
Caído Rosas, volvió al país y pasó a la acción. Peleó con todos y por todo. Desde la
prensa, libró feroces polémicas, que más tarde, a la distancia, se fundirían en
consensos. Desempeñó muchas funciones públicas diferentes, grandes y chicas, y en
todas actuó con decisión para construir el Estado. Se preocupó por las colonias y las
escuelas, pero admitió que, como en Chile, lo primero era imponer el cuestionado
orden estatal: concluir la Guerra del Paraguay y doblegar por la fuerza a Peñaloza, a
los Taboada y a los López Jordán, así como a los temibles imperios aborígenes. Como
2
presidente, impulsó el nuevo ejército profesional, con oficiales formados en el Colegio
Militar, modernas ametralladoras y fusiles Remington. Pero también construyó el
Estado civil y reformador: creó el Correo y el Registro Estadístico, levantó el primer
Censo de Población y sancionó el Código Civil.
La construcción del Estado fue un proyecto ampliamente compartido, anterior y
posterior a Sarmiento, lo mismo que la transformación de la economía y la
inmigración, que hicieron el país nuevo. Pero detrás de los consensos hubo debates y
combates; las cosas pudieron ser como fueron o un poco diferentes. Y allí Sarmiento
hizo una diferencia, jugándose por dos propuestas. En una fracasó: el amplio reparto
de tierras fiscales para desarrollar la colonización agrícola, simbolizada en Chivilcoy,
en la que veía la base de una sociedad industriosa y democrática. La historia fue por
otro lado. En otro tuvo éxito: la educación popular, como gran proyecto del Estado y
de la sociedad. Sobre esto había polemizado en 1852 con Alberdi, partidario de limitar
a lo elemental la instrucción de quienes serían solo trabajadores. Sarmiento puso toda
su energía en la difusión de la enseñanza primaria, la formación de maestros, la
difusión de las bibliotecas populares y el desarrollo de la ciencia. Su gran designio
triunfó en su vejez, con la sanción en 1884 de la ley 1420 de educación común,
obligatoria, gratuita y laica.
Pese a que fue permanentemente combatido, en nombre de otros principios, ese
proyecto educativo fue sostenido a lo largo de muchas décadas por el Estado, quizá
por la convicción que Sarmiento supo infundir en quienes fueron sus ejecutores y
defensores: los educadores y sus alumnos. Esa educación fue decisiva para la
conformación de la nueva sociedad, de oportunidades, integradora, diversa y
dinámica, cuya movilidad la singularizó en el contexto latinoamericano. La prosperidad
económica fue una condición necesaria, pero en su meollo estuvo una política estatal:
la educación pública, de excelente calidad, que formó a los habitantes instruidos y los
ciudadanos responsables, capaces de leer el diario, tanto para aprovechar las
oportunidades personales como para interesarse en las cuestiones públicas. Eso
significaba, básicamente, una sociedad letrada. Por cierto Sarmiento no se sintió
completamente satisfecho con los resultados. En sus últimos años juzgó críticamente
el régimen político y la indiferencia de los habitantes que rehuían los deberes de la
ciudadanía, y esbozó lo que sería el programa reformista de 1912.
Sarmiento mostró que, con voluntad política, era posible construir desde el Estado
una sociedad progresista y democrática. En ese sentido, nos interpela hoy, en
circunstancias muy distintas. Poco queda de aquella Argentina. En lugar de una
sociedad integrada y móvil tenemos una tremenda escisión social. En el mundo de la
pobreza no hay muchas oportunidades para las personas, ni tampoco muchos
ciudadanos conscientes y educados. Solo la poderosa herramienta del Estado podría
volver a ligar las partes de la sociedad escindida, y como entonces, la educación sería
su gran instrumento. Pero a diferencia de los tiempos de Sarmiento, no estamos hoy
construyendo un Estado sino destruyéndolo, de modo que habría que comenzar por
revertir ese proceso, lo que no es fácil. Para ello hacen falta muchas cosas. Pero
entre ellas, una poderosa voluntad constructiva como la suya.
Clarín. 15 de febrero de 2011

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s